sábado, 8 de agosto de 2015

Vendedores ambulantes en la Buenos Aires de antaño

Vendedores ambulantes en la Buenos Aires de antaño

La figura del vendedor ambulante ha sido una de las más representativas de la antigua Buenos Aires. Desde la época de la colonia hasta mediados del siglo XX, lecheros, verduleros, fruteros, panaderos, aguateros y muchos otros trabajores "especializados" de la venta ambulante supieron recorrer las calles de la ciudad para abastecer a las familias de todos los barrios porteños y suburbanos. De aquella enorme variedad hoy sólo subsisten los soderos y los diarieros, amén de algún que otro agónico sobreviviente en el ámbito de los huevos, las frutas y no mucho más que eso. En esta ocasión nos vamos a ocupar de los representantes de tres ramas de la venta ambulante muy populares en los viejos tiempos y actualmente extinguidas por completo: el vendedor de pescado, el carnicero y el cigarrero.
Resulta francamente complicado imaginar en nuestros días a una persona ofreciendo el pescado por la calle, pero tal cosa era más que corriente en el lejano ayer, cuando un Río de la Plata aún no contaminado ofrecía la posibilidad de obtener una amplia variedad de especies ictícolas comestibles que llegaban desde las desembocaduras del Paraná y el Uruguay. A ello ayudaba, asimismo, la inexistencia de represas y otros impedimentos para la aparición de los apetecibles ejemplares en las costas cercanas a la metrópolis. El lugar más utilizado para la pesca de costa era el extenso paraje llamado entonces "Tierra del Fuego", que comprendía la ribera del río desde Retiro hasta el bajo de Belgrano (1). Allí, los pescadores desarrollaban su actividad en horas tempranas para luego salir a ofrecer su mercadería por las calles. En algunos casos, al pescado fresco se sumaban ciertas piezas de caza como perdices y otras aves. Las fotos siguientes datan de la décadas de 1860 y 1890, respectiva y aproximadamente. El segundo caso resulta más interesante por su valor vivencial y sus detalles llamativos, como la gente de color en el fondo y el cigarro que está fumando el comerciante callejero de marras.

Otro representante de tan cotidiana actividad era el carnicero. José Antonio Wilde describe sus vehículos/puestos como "unas carretillas con toldos y costados de cuero en que se vendía la carne colgada en ganchos". Por lo visto, las cosas no cambiaron mucho entre los tiempos a los que se refiere esa reseña (1810 a 1830) y las décadas finales del siglo XIX, cuando la proliferación de las carnicerías como comercios fijos y bien establecidos en ferias y locales de barrio terminó con este modismo comercial andariego, al igual que con el de los vendedores de pescado. De manera concomitante, el paso de los años trajo consigo la puesta en vigencia de normas cada vez más estrictas en todo lo relativo a la seguridad alimentaria y la salubridad pública, especialmente a partir de las epidemias de cólera (1867) y fiebre amarilla (1871) que azotaron a la "Gran Aldea". Con todo, vale una imagen para recordar su estampa pintoresca.
Un último tipo de vendedor ambulante muestra una faceta Completamente distinta de la cuestión, ya que al no contar con impedimentos derivados de la frescura (o la falta de ella) exigible a sus productos, logró sobrevivir hasta bien entrado el decenio de 1960. Nos referimos al cigarrero ambulante, el que armaba su "puestito" en diferentes puntos de la ciudad, casi siempre en sitios de mucho movimiento. La foto que ilustra el caso data de 1900-1905 y pertenece al conocido fotógrafo norteamericano Harry G. Olds, quien tuvo el buen tino de dejar testimonios visuales sobre la vida callejera de diferentes ciudades de Latinoamérica, como Buenos Aires y Valparaíso, con un notable hincapié en los vendedores ambulantes de todos los tipos.
Elegí poner esta foto más grande (2) para referirme a algunos detalles interesantes. Por ejemplo, lo escueto y precario de la instalación no impedía cierta variedad de productos, compuesta por diversos cigarrillos y una pequeña selección de cigarros. El paquete abierto en el extremo derecho es de toscanos o, en su defecto, de caburés (especie de medio toscano más grande), y se trata del mismo producto que está fumando el vendedor. También se visualiza claramente la marca que "auspiciaba" el puesto, producida y comercializada por "La Abundancia" (3),  mientras que en el fondo se observa un cartón de Dandicito, célebre etiqueta de la fábrica "La Invencible". El lugar de la toma, sin ningún lugar a dudas, es el puerto de Buenos Aires, más precisamente la zona de Puerto Madero.
Pescadores, carniceros y cigarreros ambulantes: imágenes de tiempos idos, pero no por ello olvidados

Notas:

(1) El lugar era bastante célebre por su fama de "malevo" y porque allí se refugiaba lagente de avería, como se denominaba a los marginales de la época. Vale la pena tener en cuenta que la franja mencionada era mucho más estrecha que la actual, ya que a la altura de Belgrano el río llegaba a bordear la avenida Libertador y frecuentemente inundaba la estación de tren, durante las crecidas más fuertes.
(2) El autor de este blog recién acaba de darse cuenta cómo hacer para manejar el tamaño de las fotos. Por ello, aquí va más grande la foto del Paseo de Julio mencionada y analizada en la entrada del 4/11 "Cafés, Fondas, Boliches y Bodegones en el Paseo de Julio", con el cartel de la cigarrería señalado con flecha y círculo.
 
 (3) Establecimiento mencionado por Domenech en la Historia del tabaco. Ver entrada anterior.

FUENTE: http://consumosdelayer.blogspot.com.ar/2011/12/vendedores-ambulantes-en-la-buenos.html

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