En este blog subiré imágenes de edificios que ya no existen, autos antiguos, viejas costumbres, y en general, cosas antiguas
lunes, 9 de septiembre de 2019
viernes, 7 de diciembre de 2018
EL BASTÓN DE CARAMELO
EL BASTÓN DE CARAMELO
Cuentan que un
fabricante de caramelos quiso inventar uno que fuera un dulce recordatorio de
Cristo.
El resultado de su invención fue el bastón de caramelo.
El fabricante explicó así su simbolismo.
"En primer lugar es un caramelo duro porque Cristo es la Piedra de la Iglesia.
Su forma es de J, como la inicial de Jesucristo y como el cayado del Pastor."
"El caramelo es de dos colores.
Blanco, para representar la pureza del Señor.
Rojo, por la sangre que Jesucristo derramó por nosotros.
Y lleva un adorno verde para recordarnos que
Jesús es un regalo de Dios."
"El caramelo navideño debe saber a menta, que tiene un olor y sabor parecido a las hierbas con que se perfuma el agua que llena los hisopos que son usados para la purificación de los recintos sagrados."
El religioso fabricante de caramelos pretendía con este dulce recordar a quien lo comiera que Jesucristo es el Buen Pastor, la Piedra que sustenta la Iglesia y que sufrió y murió por nuestros pecados.
El resultado de su invención fue el bastón de caramelo.
El fabricante explicó así su simbolismo.
"En primer lugar es un caramelo duro porque Cristo es la Piedra de la Iglesia.
Su forma es de J, como la inicial de Jesucristo y como el cayado del Pastor."
"El caramelo es de dos colores.
Blanco, para representar la pureza del Señor.
Rojo, por la sangre que Jesucristo derramó por nosotros.
Y lleva un adorno verde para recordarnos que
Jesús es un regalo de Dios."
"El caramelo navideño debe saber a menta, que tiene un olor y sabor parecido a las hierbas con que se perfuma el agua que llena los hisopos que son usados para la purificación de los recintos sagrados."
El religioso fabricante de caramelos pretendía con este dulce recordar a quien lo comiera que Jesucristo es el Buen Pastor, la Piedra que sustenta la Iglesia y que sufrió y murió por nuestros pecados.
viernes, 8 de diciembre de 2017
HIJITUS De Trulalá llegó al Mundo
HIJITUS De Trulalá llegó al Mundo
En Almería, en 1929,
nació Manuel García Ferré.
Con 17 años- escapado
de la guerra civil española- recorrió las redacciones de Buenos Aires hasta que
en 1952 Constancio Vigil aceptó en Billiken su primera historieta, "Las
Aventuras de Pí-Pío". La historia de un canario que pasa de linyera a
sheriff en el ecosistema de la imaginaria Villa Leoncia. En esa saga,
Ferré alumbró su sueño más exitoso: Hijitus.
Primitivo y casi ajeno al más difundido, el niño, descendiente de faraones, debutó en la tira en septiembre de 1955. Era entonces de cabeza ovalada y llevaba seis largos pelos y una galera desfondada. Contemporáneo al Tetsuwan Atom (Astroboy), creado con la inocencia y el poder necesario como para detener tragedias atómicas como Hiroshima.
De Villa Leoncia, Hijitus saltó a la tele, 1967, con "Las Aventuras de Súper Hijitus", el primer dibujo animado argentino hecho para TV. A diario, millones seguían la historia de un chico pobre (contemporáneo también al Juanito de Berni) cuyo sombrero mágico lo elevaba a superhéroe protector de Trulalá. Los capítulos de Hijitus iban de lunes a sábado por Canal 13 y se repetían, todos juntos, en los ómnibus históricos "Sábados Circulares" y "La Feria de la Alegría".
El mundo ni enterado, pero Hijitus adelantó el reloj al incorporar personajes reales en sus aventuras: por Trulalá pasaron el animador de animadores Pipo Mancera, el cantante beat Donald y Ulises Barrera, voz del box. Lo mismo, pero después, hizo Matt Groening en Los Simpson.
Frente a enlatados yanquis y japoneses, Hijitus mandaba. Así, pasó a forma cinematográfica y hasta se exportó al resto de Latinoamérica. El merchandising florecía en golosinas, remeras, juguetes y colonias, leche chocolatada, figuritas. García Ferré, como Disney, tenía su imperio. Pero en Trulalá, una ciudad arrabalera, apenas urbana, cuyo héroe vivía en un caño, el "medio caño" que el desarrollismo imaginó como alternativa al rancho.
Es imposible no ver a Villa Leoncia y Trulalá como postales del paisaje cultural argentino.
Primitivo y casi ajeno al más difundido, el niño, descendiente de faraones, debutó en la tira en septiembre de 1955. Era entonces de cabeza ovalada y llevaba seis largos pelos y una galera desfondada. Contemporáneo al Tetsuwan Atom (Astroboy), creado con la inocencia y el poder necesario como para detener tragedias atómicas como Hiroshima.
De Villa Leoncia, Hijitus saltó a la tele, 1967, con "Las Aventuras de Súper Hijitus", el primer dibujo animado argentino hecho para TV. A diario, millones seguían la historia de un chico pobre (contemporáneo también al Juanito de Berni) cuyo sombrero mágico lo elevaba a superhéroe protector de Trulalá. Los capítulos de Hijitus iban de lunes a sábado por Canal 13 y se repetían, todos juntos, en los ómnibus históricos "Sábados Circulares" y "La Feria de la Alegría".
El mundo ni enterado, pero Hijitus adelantó el reloj al incorporar personajes reales en sus aventuras: por Trulalá pasaron el animador de animadores Pipo Mancera, el cantante beat Donald y Ulises Barrera, voz del box. Lo mismo, pero después, hizo Matt Groening en Los Simpson.
Frente a enlatados yanquis y japoneses, Hijitus mandaba. Así, pasó a forma cinematográfica y hasta se exportó al resto de Latinoamérica. El merchandising florecía en golosinas, remeras, juguetes y colonias, leche chocolatada, figuritas. García Ferré, como Disney, tenía su imperio. Pero en Trulalá, una ciudad arrabalera, apenas urbana, cuyo héroe vivía en un caño, el "medio caño" que el desarrollismo imaginó como alternativa al rancho.
Es imposible no ver a Villa Leoncia y Trulalá como postales del paisaje cultural argentino.
"La mayor
diferencia es que Disney era un gran conductor para el que trabajaban muchos
artistas mientras García Ferré creaba y dibujaba solo".
Solo, como su inocente y poderoso Hijitus, acaso un huérfano trasplantado del horror de la guerra civil española.
Solo, como su inocente y poderoso Hijitus, acaso un huérfano trasplantado del horror de la guerra civil española.
jueves, 2 de noviembre de 2017
EL CARRITO ROJO DEL PANADERO YA NO TRAE EL PAN A DOMICILIO
EL CARRITO ROJO DEL PANADERO YA NO TRAE EL PAN A DOMICILIO
¡Que rico era ese pan!
Mucho mejor que el de la panadería.
Esperábamos ese carrito rojo, de la “panificación”, que era precedido por el reiterado sonar característico de su corneta.
Nuestras madres salían a su encuentro. El repartidor detenía el carrito, bajaba, anunciaba sus productos, las novedades, y mostraba su carga, abriendo la puerta trasera del carrito.
Pan Lactal, francés, pan negro integral, baguettes, facturas, emperadores, budines, dulces y todo lo rico que uno deseara.
La modernidad se lo tragó.
LOS VENDEDORES DE LOS HELADOS LAPONIA
LOS VENDEDORES DE LOS HELADOS LAPONIA
Cuando era chico, era muy común que pasaran los carritos tirados por un caballo que vendían helado suelto.
El correr de los años trajo los triciclos de reparto con sus cajas blancas o con los colores de la marca, y una marca emblemática era Helados Laponia.Otra, Noel.
Yo te hablo de los años 60 pero la fabrica comienza a escribir su historia en 1930.
EL COLCHONERO
EL COLCHONERO
Entre aquello que el tiempo se llevó están los colchoneros.
Antiguamente transitaban por las veredas de nuestro querido Buenos Aires este típico personaje, que generalmene era inmigrante.-
Se anunciaba al grito de: ¡colchonero!.
Medio siglo atrás, era habitual ver a un colchonero cardando la lana de algún colchón de la familia.
La cardadora, un extraño armatoste de madera y hierro, mezcla de asiento y hamaca manual.
Con una tijera o cortaplumas abría el colchón para trabajar la lana y provisto de tijeras, grandes agujas y piolín, el colchonero se ubicaba en el asiento y comenzaba su tarea colocando lana en el otro extremo del artefacto, mientras con la otra mano accionaba una especie de hamaca con manivela que se deslizaba sobre una superficie curva.
El trabajo se hacía en el patio o en la terraza: se desarmaba un extremo del colchón y se sacaba toda la lana.
Tras pasarla por la cardadora, se la dejaba secar.
Una vez limpia y desenredada, volvía a introducirla en el colchón
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