miércoles, 16 de septiembre de 2015

LOS BUZONES DE CORREO, una especie en extinción


LOS BUZONES DE CORREO, una especie en extinción




Los buzones de correos son los receptáculos que instala el servicio de correos en la calle o en locales públicos para que los ciudadanos depositen sus cartas y postales. Los buzones públicos se colocan en zonas de paso y se suelen pintar en colores llamativos para facilitar su localización.

Los buzones han cumplido una importante labor social durante siglos; sin embargo, recientemente, con el auge de la informática y el masivo uso del correo electrónico el buzón de correos ha entrado en declive.

Los primeros buzones argentinos datan de 1858, eran de madera, y estaban instalados en las farmacias, donde también vendían las estampillas. No eran totalmente públicos, ya que dependían del horario de los comercios. Las cartas eran retiradas por un cartero que iba a buscarlas a caballo.

A finales del siglo XIX se importan desde Inglaterra los buzones pilares, tal cual los conocemos hoy, de hierro, pintados de rojo y con la base negra.

El típico buzón porteño es de color rojo, durante la dictadura se los pintó de azul y con el advenimiento de la democracia se volvió al color original.  En una época impero el negro y amarillo, pero el sindicato de los Taxistas le inició un juicio al Correo, por lo que debieron cambiar el color.

Hace 25 años, cada buzón recibía unas 400 cartas por día; hace ocho, cerca de 10; hoy son muchos los que permanecen vacíos todo el tiempo.

Frente a La Biela, en Quintana al 600, Recoleta, hay uno impecable. Los empleados tienen instrucción de limpiarlo. “Estamos alerta. Lo quisieron sacar varias veces; la última fue hace 3 años, pero dimos pelea”, explica Carlos Gutiérrez, presidente de la Asociación de Amigos de Recoleta. Y agrega: “Cuando llegué a la zona hace 46 años el buzón ya estaba . Da pena, quedan sólo tres o cuatro por acá. Los turistas se sacan fotos todo el tiempo, es parte de lo típico porteño ; hasta los tangos los evocan”.



Fue sumamente importante como medio de comunicación para toda una ciudad que se forjó con inmigrantes, donde enviar cartas a sus familiares y amigos de su país de origen, era tan cotiadiano como hoy enviar un e-mail.

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